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EN DONDE SE CUENTA COMO EL ANTICOMUNISMO LE ESCAMOTEÓ A LA JOTA OTRAS ELECCIONES DE LA FECH

Octubre de 1948: elecciones de la FECH en medio de una encarnizada represión anticomunista desatada por el Presidente González Videla, quién logra el respaldo del Parlamento para la aprobación de la Ley de Defensa de la Democracia, bautizada por el pueblo como Ley Maldita, mediante la cual se proscribió al Partido Comunista, se borró de los Registros a 20.000 electores, y se exoneró de la administración pública a miles de empleados. Además, el gobierno instaló un campo de concentración en Pisagua, al cual fueron confinados unos tres mil dirigentes políticos, sociales y sindicales.

El ensañamiento del presidente traidor alcanzó incluso a Pablo Neruda, al impulsar su desafuero del Senado y desatando posteriormente una frenética cacería con el propósito de someterlo a proceso, acusado del delito de injurias y calumnias contra el Presidente de la República.

Solo la Universidad se salvó de la razzia desencadenada sobre el resto de las instituciones nacionales. Los estudiantes universitarios comunistas despertaron la admiración popular por su coraje para enfrentar al tirano, pero no pudieron impedir su aislamiento político, cuando llegó el momento de enfrentar las elecciones de la FECH.

Presionados por el gobierno, las demás organizaciones de izquierda evitaron configurar una lista unitaria, y a la Jota no le quedó más remedio que postular sola, levantando las candidaturas de Fernando Ortiz, a Presidente, el estudiante de Derecho Jorín Pilowsky como Vicepresidente y el de Medicina Alejandro Jaque como Secretario General.

Enfrentados a tan enorme desafío, los estudiantes comunistas desarrollaron una increíble creatividad. Nunca las elecciones de la FECH, otrora demasiado circunspectas, habían conocido tal huracán de iniciativas novedosas.

Los de Arquitectura y de Artes Aplicadas colgamos en los muros de cada Escuela, bellos afiches, todos diferentes, pintados por nosotros mismos sobre grandes láminas de papel Manila, que debíamos renovar diariamente al ser desprendidos por nuestros adversarios. Otro equipo de compañeros distribuía numerosos volantes impresos a mimeógrafo en agotadoras jornadas nocturnas, para ser repartidos de madrugada en todas las escuelas.

Hasta ideamos una canción adaptando a La Raspa, una melodía popular de la época, la siguiente letra:

Ortiz, Pilowsky y Jaque, la FECH van a ganar.
Ortiz, Pilowsky y Jaque la FECH van a ganar,
Alvarado se hace a’un lado,
Galilea no va’la pelea,
Barzelatto queda p’al gato y
a Altamirano se le pasa la mano.[1]

[1] Ignacio Alvarado, distinguido dirigente de la Falange Nacional, partido que más tarde tomó el nombre de Democracia Cristiana. Galilea, dirigente derechista, José Barzelatto, candidato falangista y Carlos Altamirano, dirigente socialista, más tarde Secretario General de su partido y Senador de la República.

Al igual que ahora, las elecciones se efectuaban durante dos días, con escrutinios públicos al término de la primera jornada, ya que, si la votación del primer día se hubiera depositado en alguna de las oficinas de la FECH, sin escrutarla, nadie respondía por su inviolabilidad, quedando expuesta al acceso de eventuales duendes empeñados en adulterar los resultados.

El Tribunal Calificador de Elecciones funcionaba en una suerte de piso ático del edificio de la FECH, ubicado en la esquina de la Alameda con calle Londres, donde hoy se levanta el Hotel San Francisco. Nuestro representante ante el Tricel era Pablo Poblete Larraín, egresado de Derecho. Era un hombre menudo, más bien bajo, muy delgado, pulcramente vestido, rubio, con el pelo engominado, casi un fideo de mirada penetrante y pocas palabras, que cualquiera podía aventar de un soplido. Pero investido de tan importante responsabilidad, Pedrito llegaba portando una pistola terciada sobre su pecho, y se sentaba frente a la mesa escrutadora despojado de su chaqueta, no dejando dudas de ser portador de un arma de fuego.

Comprenderán el pavor desatado en el ambiente, y la imposibilidad de impugnar sin razones, algún voto en nuestro favor.

Oh sorpresa!

Finalizado el cómputo de la primera noche, resultó que la lista de la Jota aparecía encabezando la votación con unos 900 votos. Comprenderán que el universo electoral era mucho menor que el actual.

La lista de la Falange Nacional encabezada por el egresado de medicina José Barzelatto ocupaba el segundo lugar a unos 200 votos de distancia, en seguida la derecha presidida por el estudiante de Leyes Raúl Galilea y últimos con escaso apoyo, socialistas y radicales.

Conocidos los cómputos, los jóvenes conservadores y falangistas cruzaron al frente, rumbo al restaurante Don Bosco, fraguando esa misma noche un pacto mediante el cual, la derecha se comprometió a solicitar a sus simpatizantes el apoyo a la lista de la Falange Nacional en la votación del próximo día, a fin de impedir la inminente victoria de las Juventudes Comunistas.

La decisión no fue fácil para los conservadores, ya que los jóvenes falangistas habían emigrado tiempo antes del viejo tronco conservador, buscando una opción política renovadora. Para la derecha, se trataba de pájaros que habían emporcado su propio nido, pero el terror a los comunistas, los hacía comulgar con cualquier rueda de carreta.[2]

[2] La historia se repitió en Enero de 1964, con ocasión de la elección complementaria de un diputado por la provincia de Curicó, en la cual resultó sorprendente la victoria alcanzada por Oscar Naranjo, socialista, candidato del FRAP, coalición de la izquierda unida que había levantado nuevamente la candidatura de Salvador Allende en las elecciones presidenciales a desarrollarse en Septiembre de ese año.

El resultado final arrojó el triunfo de Barzelatto, ungido Presidente de la FECH, con Juan Hamilton como vicepresidente, superando a la JOTA por muy leve margen. Fernando Ortiz resultó electo como miembro de la mesa directiva.

Conocidos los resultados, de regreso a Santiago los dirigentes de la Derecha y de la Democracia Cristiana se detuvieron en el popular restaurante Juan y Medio, acordando esa misma noche, el retiro del candidato de la Derecha Julio Durand, para sumar sus votos al demócrata cristiano Eduardo Frei Montalva e impedir así el triunfo de Salvador Allende, tal como efectivamente ocurrió. El anticomunismo fue una vez más el pretexto para justificar semejante pacto.

En Agosto de 1949 se produjo una primera rearticulación del movimiento popular, motivada por una sostenida ola de alzas en los precios del consumo básico. El alza en la locomoción colectiva desde un peso cuarenta a un peso sesenta encendió la hoguera, generando un cuadro de movilizaciones sociales que afectaron a la capital durante nueve días consecutivos. Es el suceso que pasó a la historia como la huelga de la chaucha, expresión con la cual se conocía entonces a la moneda de 20 centavos.

Los estudiantes salimos inmediatamente a las calles expresando nuestro rechazo al alza de las micros. Santiago se conmovió por manifestaciones que fueron creciendo a lo largo de los días, amenazando seriamente la estabilidad del régimen. Los dirigentes de la FECH José Tohá y Fernando Ortiz encabezaron las protestas desarrolladas en plena Alameda de las Delicias.

Como era previsible, el gobierno y la prensa reaccionaria atribuyeron los disturbios a un plan sedicioso fraguado por los comunistas. El Ministerio del Interior emitió un comunicado señalando que “ el Partido Comunista unido a elementos que son aliados y cómplices, intentan producir, como ya se había previsto, la subversión del orden público, atacando a personas y la propiedad privada, y agrediendo a la fuerza pública”. [3]

[3] El Mercurio, 17 de Agosto de 1949.

El jueves 18 de Agosto, Santiago amaneció sitiado por las fuerzas armadas. La represión había arrojado un saldo de varios muertos, decenas de heridos a bala o apaleados por los pacos y numerosas personas arrestadas a lo largo del país.

La huelga de la chaucha acentuó el desprestigio del gobierno y marcó la recuperación del movimiento popular. Como efecto inmediato, las movilizaciones precipitaron la caída del gabinete, iniciada con la renuncia del promotor de las alzas en el pasaje de las micros: el Ministro de Hacienda Jorge Alessandri Rodríguez.

En el plano estudiantil, las luchas callejeras estrecharon la unidad política de la Izquierda, trayendo consigo la creación del FAU (Frente de Avanzada Universitaria), coalición que recuperó la FECH en las elecciones efectuadas ese mismo año, eligiendo a José Tohá, socialista, presidente, Lucho Dodds, radical como vicepresidente y a Fernando Ortiz, comunista en calidad de secretario general.

El FAU debe considerarse como el verdadero origen del Frente del Pueblo, alianza política que postuló por primera vez la candidatura de Salvador Allende en 1952. Fue el inicio de un paciente proceso de acumulación de fuerzas y de luchas, que concluyó 20 años más tarde con el triunfo de la Unidad Popular en Septiembre de 1970.

El anticomunismo aparece nuevamente

La elección de la FECH efectuada días atrás, confirma que el anticomunismo sigue siendo una fórmula recurrente por la derecha, atizando la división entre las fuerzas de izquierda, a fin de hacer imposible algún cambio significativo en cualquier ámbito de las luchas sociales y políticas.

Las movilizaciones sociales de este año, encabezadas por la CONFECH, alcanzaron una fuerza y magnitud sorprendentes. Cubrieron las principales ciudades del país y se sostuvieron durante largos meses, no obstante las amenazas de cancelar matrículas, o cerrar el año escolar. Concitaron un apoyo popular abrumador, confirmado por sucesivas encuestas que marcaron un 80% de apoyo a las demandas estudiantiles y alcanzaron notable resonancia a nivel internacional.

Esto fue posible por la unidad del movimiento estudiantil que posicionó en la opinión pública la necesidad de recuperar el derecho de acceder a una educación libre y de calidad para todos los chilenos, y el éxito debe atribuirse en gran medida a la conducción de quienes lideraron las manifestaciones combinando la fuerza con el sentido común, manejando sólidas argumentaciones, incorporando creatividad, belleza y humor en las manifestaciones. Se trata de los voceros de la CONFECH Camila Vallejo y Giorgio Jackson, erigidos en emblemáticas figuras nacionales.

Las recientes elecciones de la FECH fueron una oportunidad propicia para apuntar contra Camila Vallejo, quién no ocultó jamás su filiación como militante de las Juventudes Comunistas.

El Mercurio, con su astucia centenaria, se encargó en los días previos a los comicios de otorgar amplia cobertura a sectores autónomos de la Izquierda, quienes criticaron a Camila por acatar supuestas instrucciones del Partido Comunista, afectando la independencia del movimiento estudiantil y culpándola además, por negociar la solución del conflicto en el Parlamento

Todos los fuegos fueron dirigidos contra Camila.

Conocido los escrutinios al término del primer día de votación, al igual que en 1948, se tramó un golpe de gracia. Hasta hoy día, no se han desmentido comentarios de prensa según los cuales el gremialismo habría acordado ceder sus votos a favor de Gabriel Boric, a fin de impedir la victoria de la lista encabezada por Camila.

Todos los titulares de prensa y televisión una vez concluida la elección destacaron con grandes caracteres: BORIC DERROTA A CAMILA. No hay ningún análisis objetivo del resultado electoral.

La verdad es que las elecciones dejan en claro lo siguiente:

  1. El universo electoral casi dobló el de años anteriores, alcanzando a 14,000 votos. Las Juventudes Comunistas (Lista J ) casi duplicaron la votación lograda un año antes, logrando 3.864 sufragios.
  2. De las nueve listas participantes, 2 representaban a la Derecha: el Gremialismo (lista H) que obtuvo 962 votos, y la Centro derecha (lista B), que logró 703. En resumen, la Derecha logró un 12% de apoyo.
  3. La Concertación estuvo representada por la lista D, que sumó solo 509 votos, es decir, un magro 3,8%
  4. Las otras cinco listas representan a sectores de la Izquierda autónoma desde trotzkistas (lista E con 359 votos), anarquistas (lista A con 257 votos), Lista I: Luchar, creando Universidad Popular, con 1.816 votos. Lista C: Nueva Izquierda: con 757 sufragios, y los ganadores: Lista F, Creando Izquierda con 4.043 sufragios.

Analizados estos resultados, se concluye que un 85% del electorado apoyó a agrupaciones de la Izquierda, cuyos planteamientos respecto al sistema educacional son similares. La diferencia está en los métodos para lograr sus objetivos, pero el contenido de sus programas es análogo y coincide con el anhelo de las grandes mayorías nacionales.

El resultado electoral es una advertencia definitiva para el gobierno, de que no le será fácil eludir el clamor generalizado respecto a iniciar ahora un cambio estructural en el sistema educacional chileno.

La Derecha cuenta con un respaldo estudiantil marginal y los sectores que representan a la Concertación prácticamente han desaparecido, cosechando el rechazo del estudiantado a la complacencia de los gobiernos concertacionistas con el modelo educacional ideado por los Chicago Boys.

Ninguno de los grandes medios de comunicación de nuestro país ha realizado este análisis objetivo de la elección, ilimitándose a enfatizar una y otra vez la derrota de Camila Vallejo, cuya votación personal, por lo demás, es abrumadoramente alta.

El presidente electo de la FECH, Gabriel Boric, ha hecho declaraciones señalando que nuestros adversarios están en el gobierno y el Parlamento.

Esta es una afirmación típica de infantilismo revolucionario. [4]

[4] Lenin. “La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo”. Editorial Progreso Moscú. Ver en especial Capítulo VII : ¿Debe participarse en los Parlamentos Burgueses?

Prescindir del gobierno y el Parlamento significa apostar por una eventual ruptura institucional y está claro que las condiciones objetivas en Chile están lejos de haber madurado como para llegar a semejante situación.

La historia de Chile demuestra que mediante la fuerza de los movimientos sociales y políticos, es posible arrancar del Parlamento y de los gobiernos de turno legislaciones avanzadas. Mencionemos, entre otras: La Ley de Instrucción Primaria Obligatoria, La Ley de la Reforma Agraria, y la Ley de Nacionalización del Cobre.

El movimiento estudiantil y social, ha quedado como una asignatura pendiente para el próximo año. Confiamos que la nueva directiva de la FECH pueda contribuir a conducirlo, con tanta capacidad y sentido común, como lo realizado por sus antecesores durante el presente año.

Miguel Lawner

10 de Diciembre de 2011.