LAS DESIGUALDADES DE CHILE TIENE SU ORIGEN EN EL MUNDO DEL TRABAJO

El desafío de los chilenos es superarla

La Central Unitaria de Trabajadores, CUT, encabezada por nuestra compañera Bárbara Figueroa, dio a conocer un importante documento programático respecto de las principales demandas del mundo del trabajo. El texto fue entregado al Arzobispo de Santiago, Monseñor Ezzatti, en una entrevista con la autoridad religiosa, y también La Central Unitaria de Trabajadores, CUT, encabezada por nuestra compañera Bárbara se entregará a diversas fuerzas políticas sociales, en el marco del necesario debate para un programa de gobierno. El partido y la juventud deben trabajar con este documento, darlo a conocer y también desplegarlo como instrumento programático para la unidad de la oposición.

Las profundas desigualdades y la falta de derechos que existen en nuestro país afectan gravemente la vida de miles de familias chilenas y tienen su origen en el mundo del trabajo, amparadas por una institucionalidad política ilegítima y antidemocrática.

La existencia de trabajadores de primera y segunda categoría, la precarización del empleo que lleva a que el 70% de los pobres teniendo trabajo no salgan de su condición, la inestabilidad laboral que se acrecienta teniendo el 71% de los contratos de trabajo que no llegan a los 11 meses, una brecha salarial con un salario máximo que es 102 veces más que un salario mínimo, remuneraciones entre hombres y mujeres con diferencias que alcanzan el 31%, es decir, una mujer gana el 78% de lo que gana un hombre; 1,5 millones de trabajadores independientes sin protección social, son sólo algunas de las expresiones de esta desigualdad consolidada por el sistema laboral.

Chile tiene un ingreso per cápita de US$19.000 y se proyecta a US$ 20.000 para el 2016, el más alto de la región. Sin embargo, el 70% de los trabajadores no superan los $300.000, ya que el 40% de las rentas más bajas se distribuyen el 13,5% del ingreso nacional, mientras el 20% de las rentas más altas reciben el 53%.

Estas desigualdades se agravan y proliferan en un país donde los trabajadores que negocian colectivamente no llegan al 6% y la inexistencia de mecanismos que permitan la sindicalización deja a los trabajadores sin una institucionalidad propia para demandar sus derechos. Mientras el Estado garante de velar por la protección de éstos, cada vez está más disminuido y ajeno a su rol protector de derechos y el bien común de los trabajadores y los chilenos y chilenas en general.

La perpetuación de estas desigualdades se expresa en la discusión del presupuesto nacional, donde el financiamiento de áreas de conflicto como la educación y la correlación que se construyó a favor de la Ley de Pesca desnuda la transversalidad de los operadores y de quienes se benefician del modelo, ignorando las propuestas y la voz de los actores directamente involucrados y las organizaciones.

Luego de 20 años de transición, queda claro que la concentración del poder económico ha generado una relación cómplice con el poder político, lo que ha permitido el control de los grandes grupos económicos sobre las comunicaciones que impide que se exprese la opinión de los sectores críticos.

A esto se suma el sobre crédito de las grandes masas de trabajadores que los mantiene prisioneros de deudas cuatro veces mas que sus salarios.

Todo esto, ligado al actual Código del Trabajo, entre otras muchas cosas, han creado un cuadro de asfixia y descontento social que ha dado lugar a múltiples expresiones de movilización y que puede llevar al país a una confrontación social que no encuentre salida en la vía institucional.

En definitiva, muchas de las razones de la desigualdad se encuentran en las condiciones precarias en las que desenvuelvan su actividad la mayoría de los trabajadores y trabajadoras del país.

Hoy, enfrentado el país a una declarada disputa electoral presidencial, vemos con preocupación el carácter en que ellas se desenvuelven, teniendo como prioridad las deslegitimadas encuestas y los posicionamientos personales por sobre las propuestas que interpreten a las victimas de estas profundas desigualdades, esta lógica sólo nos llevará a una mayor deslegitimación de la institucionalidad nacional.

Enfrentados a una definición de quien dirigirá los destinos del país, a los trabajadores no nos da lo mismo. Pero Chile requiere un gran debate nacional sobre como superar las desigualdades. Los partidos progresistas tienen mucho que decir, pero no es posible ignorar la voz y la participación de los actores sociales y el movimiento sindical en este esfuerzo país.

El debate sobre lo que quieren los ciudadanos y particularmente los trabajadores del país que generan las grandes riquezas, debe nacer de los equipos programáticos de los partidos y los comandos de campaña, pero debe transformarse en el debate de todos los habitantes del territorio nacional.

Ha llegado el momento para que los trabajadores pongamos en el debate nacional lo que es principal para superar las desigualdades:

  1. Los trabajadores chilenos ya no permitiremos más el saqueo que sufrimos pro el sistema de AFP. Exigimos la inmediata discusión del cambio en la arquitectura del sistema, relacionado con la propiedad, la gestión, la inversión y el tipo de pensión al que accederá el trabajador una vez que termine su vida activa laboral.
  2. Para avanzar en justicia social urge una real Reforma Tributaria, que genere los recursos que el país necesita para invertir en áreas vitales para mejorar la calidad de vida de los trabajadores chilenos y sus familias. Es impresentable que el presupuesto nacional se base en el impuesto al trabajo y no en los impuestos al capital.
  3. Exigimos el fin del actual Código del Trabajo y la formulación de una nueva normativa que considere la opinión de los trabajadores y que asegure como cuestión principal todos aquellos aspectos que fortalezcan la negociación colectiva y la sindicalización.

En la actual coyuntura de discusión presidencial, Chile requiere un debate sobre estos temas y para ello se requiere trabajar un programa que represente las necesidades de las grandes mayorías de chilenos.

Frente a este escenario, donde el país tiene una gran oportunidad de resolver sus destinos, la Central Unitaria de Trabajadores tiene una posición: mantendremos nuestra autonomía e independencia de los partidos, de los eventuales candidatos y de los futuros gobiernos. Nuestra responsabilidad como máxima organización de los trabajadores es la de garantizar las demandas, derechos y necesidades de los trabajadores y trabajadoras de Chile, que son quienes construyen con su esfuerzo el porvenir del país.

Para ello, los trabajadores estamos porque la voz del mundo social y particularmente los trabajadores, se constituyan en lo principal del debate presidencial, para que las demandas más sentidas de cada sector y actor del acontecer diario de nuestro país permitan la construcción de un programa común que una las demandas de los trabajadores y el movimiento político y social.

Nuestro gran desafío hoy, no se resuelve sólo con la disputa electoral presidencial. Chile en esta elección presidencial tiene la gran oportunidad de avanzar en más democracia, más participación, superación de los enclaves dictatoriales, pero por sobretodo superar la profunda y dolorosa desigualdad y falta de derechos que le permita a cada chileno y chilena, cada trabajador y trabajadora una mejor calidad de vida y un futuro prospero para construir un Chile lleno de esperanza.

CENTRAL UNITARIA DE TRABAJADORES DE CHILE