Archivos de la categoría Batalla de Ideas

COMPROMISO

Compromiso del XXIV Congreso Nacional del Partido Comunista de Chile

  Chile, patria, pueblo.Tierra nuestra y de la América morena.

 

Chile indómito de Lautaro, Caupolicán y Fresia.

 

Chile nación, de vocación y raíces republicanas.

 

 Chile de O’Higgins, Rodríguez, Carrera, Balmaceda, Recabarren, Pedro Aguirre Cerda, Gladys Marín y Salvador Allende.

 Chile de Gabriela, Víctor, Violeta, Pablo, de los siempre presentes y heroicos desaparecidos, prisioneros, ejecutados, mujeres y hombres libres generosos en el sacrificio hasta la médula esencial del compromiso militante. 

Chile-pueblo, de vocación unitaria, nacional, solidaria, democrática, siempre indómita ante el tirano.

 Chile de todas y todos, sin exclusiones ni marginalidades.

 Chile, que nunca serás un país de derecha porque tu vocación es la democracia, la justicia y la igualdad.

 Ante el desafío urgente y presente de la hora actual, nos comprometemos hoy con tu futuro, con las nuevas  generaciones y con el pasado que nos interpela.

 Nos comprometemos hoy, solemnemente, a retomar la senda, unidos, para conquistar un gobierno democrático de nuevo tipo. 

Un gobierno que represente a una nueva mayoría nacional, que abra paso a una nueva Constitución Política.

 Que convoque al soberano, al pueblo, para ser constituyente de un nuevo orden social. 

Chile, que nos dueles por las injusticias; que nos llenas de alegría porque la esperanza es cierta.

 Porque nos miramos en el espejo de la emancipación que recorre nuestro Continente. 

Hoy, con firmeza, con alegría, y si es necesario con los puños apretados y las manos estrechadas a lo largo de tu extensa geografía, nos comprometemos a abrir las grandes alamedas para mirar un futuro para todos. 

Por un gobierno de nuevo tipo, hoy sellamos con honor nuestro compromiso para hacerlo  realidad. 

 Santiago de Chile 12 de diciembre de 2010

ECONOMIA

LOS MARXISTAS Y EL CAPITALISMO SIGLO XXI

José Cademartori

 

1. Los descubrimientos de Marx y Engels sobre el capitalismo en el siglo XIX.

2. Los cambios y los desafíos del proletariado en el siglo XXI.

3. La burguesía mundial contra la unidad de los trabajadores.

4. El socialismo real: condena total o balance objetivo.

5. China y Vietnam, el socialismo de mercado.

6. La crisis económica y financiera y los cambios en la correlación de fuerzas mundiales.

7. Los cambios mundiales favorecen a América Latina.

8. Chile, un campo de batalla, inestable e incierto.

 

 

1. Los descubrimientos de Marx y Engels sobre el capitalismo siglo XIX

Cumplido ya el primer decenio del nuevo siglo, vale la pena establecer algunos de los rasgos actuales que muestra el régimen del capital, a consecuencia de las grandes transformaciones que ha experimentado, desde que Carlos Marx dedicara su vida a caracterizarlo.

En primer lugar lo definió como un régimen de clases opuestas, en la que una de ellas se sitúa como dominadora y explotadora de las demás. En tal sentido, la burguesía y su régimen son los continuadores de la aristocracia feudal y esclavista que la antecedieron. Marx concluyó que el capitalismo sería históricamente transitorio. Para refutar esta tesis, Fukujama sostuvo que el capitalismo había triunfado, que era la culminación de la evolución humana o “el fin de la historia”, lo cual tuvo un rechazo general.

Además Marx formuló la tesis de que el sistema burgués, a través del desarrollo de sus contradicciones económicas y sociales, daría paso a un nuevo régimen cuya misión sería poner en concordancia, las formas cada vez más sociales o colectivas de la producción, incluso internacionales, con nuevas formas, también sociales o colectivas de la distribución de la riqueza. Esto exigiría profundos cambios en la dirección y el modo de producción y en la propiedad de los medios de producción. Como se sabe, el maestro de Tréveris no abundó en los pormenores de este tema. No pretendía ser profeta. Construir y definir el nuevo sistema sería tarea de las nuevas generaciones. Quería separarse categóricamente de los socialistas utópicos de su tiempo quienes, por nobles que fueran sus intenciones y geniales algunas de sus sugerencias, se ocupaban de elaborar modelos abstractos, sin tener en cuenta el movimiento terrenal de las confrontaciones entre las clases.

No obstante, a lo largo de su obra y también en los escritos de Engels, se encuentran fecundas observaciones sobre hechos históricos y prehistóricos, así como propuestas programáticas y tácticas que ayudan a orientarse a quienes aspiran a recoger, de una manera no dogmática, sus hallazgos.

Ante todo, para teóricos, académicos o intelectuales debiera ser una cuestión de principios, participar y comprometerse personalmente en las luchas políticas de su tiempo. Así lo hicieron los fundadores del socialismo científico: Desde la célebre tesis sobre Feuerbach que refiere al deber de los filósofos, su participación en la revolución alemana del 48, su rol en la fundación en la fundación de la Asociación Internacional de Trabajadores; su relación con los partidos alemanes – los primeros grupos comunistas y luego con el partido obrero socialdemócrata – así como con líderes obreros de diversos países, pasando por sus análisis de la lucha de clases en Francia y en otros países, o de su valoración de la Comuna de Paris, tanto en sus éxitos como en sus errores.

En segundo lugar se debe destacar que, a juicio de los autores del Manifiesto Comunista, el portador de la transformación revolucionaria de la sociedad, entre todas las clases explotadas, no podría ser otro que el proletariado. Marx y Engels destacaron la aparición del movimiento cartista como actor independiente en la política inglesa; analizaron la actuación de las corrientes obreras seguidoras proudonista y blanquista en Francia; polemizaron con Bakunin y los anarquistas en la Internacional y con Lasalle en Alemania, y saludaron el despertar de los movimientos obreros en Rusia y EE.UU. Estaban conscientes de que la dimensión del moderno proletariado era aún pequeño y minoritario en muchos países y por eso abogaron por la unidad con los campesinos y otras capas intermedias, entendiendo que el socialismo como primera etapa del comunismo requeriría alianzas de clase. Lenin, Mao Zedong, Ho Chi Min, entre otros de sus seguidores, practicaron exitosamente tal estrategia.

Marx acertó plenamente en prever que los asalariados (esos obreros modernos que carentes de la propiedad de los medios de producción no tenían más que arrendar su fuerza de trabajo por un salario para subsistir) constituirían la mayoría de la población activa en los países maduros del capitalismo. Y por tanto, bajo regímenes democráticos, la mayoría de la población formada por asalariados y otros sectores del mundo popular, podría conquistar el poder político y el legítimo derecho a defenderlo.

 

Los cambios y los desafíos del proletariado en el capitalismo siglo XXI

El capitalismo se despliega ahora aceleradamente en las grandes y medianas naciones de Asia Pacífico, India, el Medio Oriente, y América Latina e implanta sus bases en varios países de África. Se reconstruye en Europa Oriental, Rusia y sus antiguos territorios, después de un intermedio de cuarenta años. Este proceso conduce en el curso del siglo XXI a convertir al proletariado en la clase mayoritaria a nivel mundial. Contribuyen a ello, procesos como la urbanización creciente de la población en las áreas atrasadas, la reducción relativa y hasta absoluta del campesinado y la diferenciación de las capas medias urbanas. Sometida a una gran inestabilidad y a tendencias contrapuestas, la mal llamada “clase” media se halla dividida entre una minoría que asciende y se asimila a la burguesía y una mayoría que experimenta una “proletarización” creciente, al depender de un empleo precario, como le ocurre a un segmento de técnicos y profesionales; o bien soporta una competencia sin cuartel como le sucede a artesanos, pequeños agricultores que terminan desplazados o explotados por los grandes capitalistas.

La composición de la clase asalariada ha experimentado notables cambios si la comparamos como era a mediados del siglo XX. El proletariado industrial en Europa, Norteamérica, Japón, debido al aumento de su productividad, redujo su peso numérico en relación a los asalariados de los servicios. En compensación se reproduce en mayor escala en los nuevos centros industriales de China, India, Indonesia, Tailandia y otros países asiáticos, así como en Medio Oriente (Turquía, Egipto) y en América Latina (Brasil, México, Argentina, Colombia y otras economías emergentes.

El crecimiento de las ramas de servicios como los supermercados, las cadenas y grandes tiendas, los transportes, comunicaciones, recreación o turismo, servicios de salud, la enseñanza, las finanzas, amplió el número y la proporción de la categoría de “empleados”, los cuales, a pesar de trabajar en oficinas y no en talleres, se asemejan cada vez más en sus condiciones de trabajo y remuneraciones a los obreros fabriles. La antigua separación entre trabajo manual e intelectual se ha hecho más difusa por el uso generalizado de máquinas, herramientas, aparatos electrónicos, instrumentos, procesos semiautomáticos tanto en fábricas como en oficinas. Sólo una proporción reducida de los asalariados realiza un trabajo intelectual propiamente tal, en el sentido de creativo y variado, mientras la mayoría ejecuta una labor repetitiva, monótona y casi automática, bajo supervisión y disciplina. También hay que considerar la incorporación masiva de las mujeres, como asalariadas, a todo tipo de empresas capitalistas, sin que se hayan superado las diferencias de remuneración, la discriminación de género y la satisfacción de sus necesidades específicas. Finalmente, hay que destacar el aumento notable, legal y ilegal de las migraciones internacionales. En las industrias y en los servicios de muchos países, constituyen minorías significativas en los sitios de trabajo y mayoría en barrios urbanos degradados. Deben laborar y convivir en un mismo sitio trabajadores de diferentes nacionalidades, idiomas, cultura, composición étnica y religiosa.

 

La burguesía mundial contra la unidad de los trabajadores

 

La burguesía en todos los países aprendió muy bien que los asalariados unidos, una vez conscientes de pertenecer a una misma clase sometida y desmedrada pero mayoritaria, constituyen el mayor peligro potencial para el capitalismo. De allí se lanzó a fondo en las últimas décadas, apelando a todos sus recursos, para impedirlo, fomentando todo tipo de divisiones entre ellos. Para eso emprendió una extensa ofensiva contra los sindicatos, principal blanco del neoliberalismo, puesta a prueba en el Chile de Pinochet y luego generalizado por Thatcher y Reagan en los países anglosajones, desde donde se extendió a todo el mundo. La guerra contra los sindicatos va desde la reducción de sus conquistas, leyes hostiles y métodos represivos para impedir su formación y ampliación, hasta la creación artificial de sindicatos apatronados o bien la multiplicación y atomización de los mismos; una intensa campaña ideológica destinada a incentivar el individualismo y denigrar la acción colectiva; una difusión mediática condenatoria de las huelgas, protestas públicas o manifestaciones callejeras masivas (sobre todo en servicios estratégicos) para aislarlos del resto de los trabajadores, con el fin de impedir la solidaridad de clase; el fomento de actividades distractivas, el consumismo, la difusión del alcohol y las drogas entre los más jóvenes para apartarlos de la lucha social o política; el recurso al machismo para someter a las trabajadoras; la exacerbación de las diferencias técnicas o profesionales y de remuneraciones para evitar las acciones comunes contra la patronal que los explota; la diferenciación de los obreros con contrato indefinido y beneficios sociales, de los que están a plazo fijo y a menudo hasta carentes de contrato de trabajo; el apoyo a las organizaciones neofascistas, el patrioterismo, los prejuicios raciales y a las diferencias religiosas o culturales; la demonización de los inmigrantes que la burguesía necesita y explota y a quienes, los elementos más atrasados de la clase culpan del desempleo y otros males. Todo vale para impedir la unidad de la clase trabajadora y su enfrentamiento a la clase dominante.

En las últimas décadas, la burguesía mundial obtuvo grandes éxitos en su guerra contra el proletariado. En un gran número de países ricos y medianos le arrebató conquistas históricas y continúa intentando mayores recortes en materias como el seguro de desempleo, la edad y requisitos para jubilar, la extensión de la jornada de trabajo, el nivel real de sueldos y salarios, el acceso a la educación y a la salud. Disminuyó el número de sindicalizados y la fuerza de sus movimientos de resistencia. Los líderes de grandes federaciones se sometieron al poder y al “pensamiento único”, ideología compartida entre partidos políticos de derecha y de centro, al que devinieron colectividades socialdemócratas que abandonaron al sindicalismo a su suerte.

En buena parte del planeta, la gran burguesía, crecientemente monopólica y transnacionalizada, cosechó con creces estos cambios. Se incrementó la tasa de plusvalía. Se ensanchó el foso entre ricos y pobres. El PNUD en su informe de 2005 calculó que si el 10% de la población mundial más rica cediera tan sólo el 1,6% de su ingreso anual para un fondo mundial de redistribución, esa suma alcanzaría para sacar de la indigencia a los mil millones de habitantes del planeta que sobreviven con un dólar al día.

Al concentrar y controlar decenas o cientos de grandes compañías que a su vez dominan los más diversos mercados, la oligarquía planetaria vive en un mundo separado del resto de los mortales, en ciudadelas protegidas, rodeada de un numeroso y variado séquito a su servicio, desde abogados, consejeros en impuestos, inversiones, asesores de imagen, médicos personales, operadores de sus medios privados de transporte, grupos de guardaespaldas y servidores domésticos de sus palacios. Son los señores feudales de esta época. Es una burguesía cosmopolita, con negocios en todo el globo, que se reúne periódica y privadamente como en el Club Bilderberg, para cuidar sus intereses comunes y los peligros que amenazan su poder. Ya no son sólo norteamericanos, alemanes o japoneses. Nuevos multimillonarios aparecen en Asia y América Latina, entremezclados con dictadores, monarcas, políticos que participan en el saqueo de las empresas públicas, el blindaje de monopolios privados, la especulación y el fraude financiero, el soborno, el tráfico ilegal, la evasión tributaria en los paraísos fiscales.

Podría deducirse de estos resultados, que la burguesía y el capitalismo actualmente existente, se han afianzado y la lucha de clases ha acabado con su victoria. Por el contrario, la confianza de grandes mayorías ciudadanas en el sistema económico y político está fuertemente erosionada. Las inequidades de todo orden que se derivan de la economía son cada vez más percibidas por el hombre común. No son casos aislados, el retorno de las grandes manifestaciones masivas y las huelgas generales en diversos países. No podría ser de otro modo, si hasta el FMI y la OIT en un documento conjunto admiten que la crisis económica mundial en sólo tres años (2007-2010) ha generado 30 millones de desocupados.

Según una encuesta divulgada por la BBC en noviembre de 2009 y efectuada en 27 países de todos los continentes, la insatisfacción con el capitalismo de libre mercado está muy difundida. Sólo el 11% de los consultados cree que funciona bien y no necesita nuevas regulaciones. El 51% coincidió en que el capitalismo tiene problemas y necesita reformas. Un 23% piensa que “el capitalismo está fatalmente condenado y se necesita un sistema económico diferente”. En varios países importantes la condena total fue aún más marcado, como en Brasil (35%) México (38%) y Francia (43%).

Por otro lado, hay una tendencia generalizada al aumento de la abstención de los ciudadanos por participar en los procesos electorales, demostrando su desconfianza en las corrientes o partidos dominantes del consenso neoliberal.

 

El socialismo real: condena total o balance objetivo

 

Un sondeo de Pew (La Tercera 8 Noviembre, 2009) en 9 países de Europa Oriental concluyó que “el fin de los gobiernos comunistas es todavía- diez años después- celebrado, pero con más reservas”. Al contestar la pregunta “¿Cómo está la gente hoy en relación a la etapa comunista?” las respuestas entre “mejor” y “peor” se repartieron así: Hungría, mejor, 8% ; peor, 72%. Ucrania, mejor 12%: peor 62%. Bulgaria, mejor 13%; peor, 62%. Lituania, mejor, 23%; peor 48%. Eslovaquia, 28%; peor 48%. Rusia, mejor 33%, peor 45%. Chequia, mejor, 45%; peor, 39%. Polonia, mejor 47%; peor 45%. . Estas respuestas revelan que en seis de los ocho países encuestados, una amplia mayoría considera no haber mejorado su situación con el cambio hacia el capitalismo real. Las excepciones son Polonia y Chequia, donde los que parecen preferir la situación actual están en mayoría, aunque estrecha, frente a los que la repudian.

Las respuestas anteriores están en línea con la desilusión que se expresa a medida que han pasado los años desde el primer momento del cambio hacia la economía capitalista. (de “mercado” como se la denomina por sus partidarios) Entre 1991 y 2009, en Hungría, la aprobación bajó de 80% al 46%; En Bulgaria se redujo del 73% al 53% y en Ucrania disminuyó del 52% al 36%. A la vez el apoyo a la democracia capitalista del conjunto de países encuestados se redujo de 76% al 52% (En Ucrania, del 72% al 30%). Respecto de Alemania, R. Wike, director del estudio Pew comentó: “Cada vez hay menos alemanes que ven la reunificación como algo muy positivo. Parte del entusiasmo inicial se desvaneció”.

La avalancha de críticas, denuestos, acusaciones y condenas contra aquellos regímenes ha sido de tal magnitud que no hace falta aquí abundar en ellas. Por cierto hay una base real para considerarlas y estudiarlas. Es un hecho relevante que en todos los casos, a lo largo de la década de los ochenta, hubo tal descontento y confusión entre sus ciudadanos que los más fieles y lúcidos de sus reformadores quedaron en minoría y fueron sobrepasados por políticos que, renegando de los principios y valores que proclamaban, llevaron las reformas hacia el capitalismo. La crítica difundida en ciertos sectores de izquierda de que allí nunca hubo socialismo, no parece suficiente. Menos se puede afirmar que aquello era capitalismo. (¿Un capitalismo sin capitalistas?) Toda comparación con modelos teóricos o utópicos, no probados en la práctica, carece de sentido. Todavía hay pocos estudios objetivos, científicos y críticos, con los mismos métodos que enseñó Marx, estudios que expliquen a la vez sus éxitos y fracasos. La URSS y Europa Oriental constituyeron una primera experiencia histórica de socialismo de larga duración, un intento de un socialismo con seres humanos, con sus aciertos y defectos.

Las encuestas citadas permiten sacar la conclusión de que para los ciudadanos que vivieron antes y después del derrumbe, gozaron de no pocas ventajas o beneficios que el capitalismo, después de dos décadas, ha sido incapaz de superar o igualar. Se pueden mencionar, la seguridad de obtener empleo, amplio acceso a la educación y a la asistencia médica a mínimo costo para las familias, posibilidades de disfrute de la cultura y las artes, los deportes, disponibilidad de centros de recreación y descanso, vacaciones pagadas, igualdad de salarios entre hombres y mujeres, jornadas de trabajo de ocho horas y menos, jubilación asegurada para todos, precios de bienes y servicios de consumo regulados e iguales en todo el país, transportes colectivos a bajo precio y pagos reducidos por la vivienda, incluidos servicios de agua, calefacción y electricidad. La riqueza acumulada pertenecía abrumadoramente a la sociedad, no a individuos privados. Las diferencias de ingresos garantizaban índices de distribución más equitativos que en el capitalismo. En resumen, los males que el libre mercado ha traído –particularmente, la inseguridad, el desempleo, las desigualdades, la corrupción, el crimen organizado- son peores que las carencias atribuidas a los regímenes anteriores. De allí el considerable número de rusos, búlgaros, rumanos, polacos, ucranianos, albaneses que emigran año tras año hacia Occidente en busca, a veces frustrante, de lo más elemental, un puesto de trabajo.

En los años ochenta se cayó en el estancamiento económico, en el retraso tecnológico, y en la URSS, en el armamentismo, sumado a graves errores como Afganistán. Hacía falta mayor atención a las nuevas demandas de la población y a justos reclamos por el igualitarismo económico en perjuicio de profesionales y técnicos. Se requería mayor participación popular y de los trabajadores en todos los asuntos sociales y políticos.

 

China y Vietnam: El socialismo de mercado

 

En notorio contraste con lo ocurrido en Europa Oriental, los regímenes orientados al socialismo en China y Vietnam no sólo sobrevivieron y superaron serias crisis económicas y políticas, sino que se encaminan a paso acelerado hacia la modernización de sus atrasadas infraestructuras materiales y culturales. Sus gobernantes, a fines de los setenta, los primeros y a mediados de los ochenta los segundos, llevaron a cabo reformas concordantes con sus particularidades históricas, geográficas y demográficas y teniendo muy en cuenta la correlación mundial de fuerzas, alterada en aquella época. El concepto acuñado es el de un “socialismo de mercado”, con espacio delimitado para el capital privado y otras formas de propiedad de los medios de producción. Se conserva la propiedad pública (estatal, regional, municipal, de cooperativas, etc.) en áreas estratégicas, reafirmando sus objetivos socialistas. A diferencia radical de los países del este europeo y Rusia, los partidos comunistas mantienen el poder político, sin permitir a las corrientes pro capitalistas que allí existen, cambiar las bases del sistema. Todo indica que cuentan con amplio apoyo ciudadano.

En China el crecimiento económico ininterrumpido de los últimos treinta años se ha materializado en notables mejoramientos de las condiciones de vida. Cientos de millones han salido de la indigencia y la pobreza. La desigualdad de los ingresos que se acentuó en los años noventa, ha disminuido en los últimos años, situando el coeficiente de Gini, según la OCDE, en 40,8 para el 2007, el cual revela que la desigualdad en China es notoriamente inferior a la de Chile, México y Brasil. (El Mercurio, 3 de Febrero de 2010) A la par, las empresas estatales, si bien se han reducido en número, se han vigorizado económica, financiera y tecnológicamente, al punto de competir seriamente con algunas gigantescas corporaciones multinacionales. De las diez compañías con mayor valor de mercado en el mundo, tres son estatales chinas, mientras diez años atrás no aparecía ninguna. (Wall Street Journal, 25 de diciembre 2009) Por su parte la República Popular cuenta con recursos presupuestarios y superávit de divisas de tal magnitud que se ha constituido en el primer acreedor del Tesoro norteamericano. China comunista pasó a ocupar el segundo lugar mundial por sus dimensiones y se calcula que igualará a Estados Unidos antes del 2030. En el producto per cápita supera ampliamente a la India y otros países de la región y a varios de Latinoamérica.

En la República Popular, desde el gobierno central, el partido comunista, los medios de comunicación, las organizaciones sociales se discute públicamente las deficiencias y los aspectos negativos del sistema. Las desigualdades, el deficiente respeto a los derechos ciudadanos, la corrupción, los abusos de algunos altos funcionarios, la contaminación ambiental, la limitada participación popular, entre muchos otros. Pero hay también sanciones y correcciones. Las encuestas no dejan dudas sobre la opinión de los chinos acerca de su gobierno y sistema imperante. La de la BBC-Universidad de Maryland concluyó que el 88% “está de acuerdo o conforme con la política del gobierno. La Encuesta PEW estableció que el 66% aprueban su labor en asuntos importantes y el 86% apoyan la política gubernamental en general (El Mercurio, 30 Septiembre 2009)

La economía socialista de mercado ya fue prevista y propuesta por Lenin. Aceptaba diversas formas de existencia del capitalismo dentro de la URSS, pero regulado y controlado por el estado de proletarios y campesinos. Habría lucha y contradicciones entre ambos, pero también beneficios mutuos. Las experiencias china y vietnamita han sido exitosas, sobre todo porque el estado ha regulado, y orientado el desarrollo económico, sin permitir que las crisis mundiales del capitalismo, sobre todo la actual 2007-2010, hayan detenido sus metas de crecimiento. Con todo, aún no está resuelto el problema cardinal, quién vencerá a quien.

 

La crisis económica y financiera y los cambios en la correlación de fuerzas mundiales.

 

La Gran Recesión iniciada en EE.UU a fines de la primera década del siglo XXI y extendida rápidamente a Europa y Japón ha estremecido las bases del capitalismo más desarrollado. Se reconoce como la más profunda, desde la Gran Depresión. Su recuperación se presenta lenta y difícil. El sistema financiero internacional estuvo a punto de sucumbir por el peso de sus deudas y la aguda escasez de medios de pagos. Los principales gobiernos, sus bancos centrales y el FMI tuvieron que acudir a medidas sin precedentes para detener la oleada de masivas bancarrotas, corridas bancarias y parálisis productivas. La negativa de los grandes capitalistas a renunciar a sus privilegios, aceptar mayores impuestos o a asumir los costos con sus cuantiosas reservas y llevar a pérdida los créditos impagos, empujaron a los gobiernos a aumentar sus déficit presupuestarios y elevar peligrosamente sus deudas públicas. Para salir del pantano, los europeos están recurriendo a recortar los beneficios de la seguridad social, es decir, haciendo pagar a millones de trabajadores el costo de la salida de la crisis, además de los sacrificios que ya han soportado por los despidos, las pérdidas patrimoniales en sus ahorros y en sus viviendas, además del desempleo prolongado.

La Gran Recesión ha acentuado los cambios dramáticos y de largo alcance de comienzos del nuevo siglo; entre ellos la pérdida del protagonismo de EE.UU. en el escenario económico mundial. Uno de los cinco mayores cambios, desde el fin de la Guerra Fría, según el historiador Eric Hobswbaum. Sus déficits crónicos del presupuesto federal y de la balanza de pagos, expresiones del largo y profundo desajuste de la economía norteamericana, son más altos que nunca. El déficit fiscal año tras año sigue incrementando la deuda pública. De haber sido el mayor acreedor, ahora es el mayor deudor del mundo y depende para su financiamiento de China, Japón y otros de sus competidores. El dólar continúa desvalorizándose al punto que inéditos sistemas de compensación y otras monedas, como el euro, el oro, o el DEG (FMI) lo están sustituyendo o están en vías de establecerse. Por su parte, el poder de gigantescas corporaciones de Wall Street se ha debilitado, aunque algunas se han beneficiado. En 1999, siete de las diez compañías más ricas del globo eran estadounidenses. Diez años después sólo quedan cuatro. Algunos de sus grandes corporaciones industriales, financieras y tecnológicas quebraron, otras han debido vender parte de sus activos a capitales extranjeros. En otros casos Washington se ha convertido, sin quererlo, en el accionista mayoritario como en los casos de General Motors y el Citigroup.

De ser la única superpotencia al fin de la Guerra Fría, EE.UU se enfrenta a nuevos y fuertes competidores. Necesita recurrir al apoyo, aunque reticente, de sus aliados para sus aventuras militares, las cuales a duras penas puede financiar. La Unión Europea, con sus diferencias internas, también debilitada por la Gran Recesión, no está en condiciones de sustituir a EE.UU, ni tampoco de ser un aliado seguro. Japón se debate entre el estancamiento económico y tensiones con EE.UU por sus bases militares. Aunque a Washington no le faltan aliados incondicionales, surgen nuevos grupos de países que quieren y pueden sacudirse de sus presiones. Las llamadas potencias emergentes buscan apoyo mutuo como en el caso de los BRIC (Brasil, Rusia, India, China) el grupo de Shanghai, la ASEAN, el ALBA y UNASUR.

Washington tiene que admitir el nuevo cuadro internacional. Del Grupo de los 5 se pasó al Grupo de los 7, luego al G-8 y ahora al G-20 que incorpora a las deliberaciones sobre la globalización a países del antiguo tercer mundo, como China, India, Brasil, Argentina, México y otros países.

Es solo un comienzo. Aún queda por resolver la reforma de las Naciones Unidas y especialmente el excesivo poder de los estados con derecho a veto en Consejo de Seguridad, un nuevo sistema financiero internacional y el nuevo orden en materias del medio ambiente.

La Unión Europea, después de decenios de negarse, aceptó reducir las cuotas y los derechos de voto de algunos de sus estados miembros en el FMI , para permitir el aumento de la participación de los países en desarrollo, aunque sin ceder a cambios más decisivos. Otro tanto debe ocurrir con la hegemonía norteamericana sobre el Banco Mundial.

 

Los cambios mundiales favorecen a América Latina.

 

Por primera vez en la historia de los ciclos económicos del capitalismo, los países en desarrollo, no sólo no fueron los más golpeados, sino que tuvieron menos repercusiones negativas que los países industrializados y al parecer están saliendo más rápido de la recesión. Sólo aquellas economías como México, Centroamérica y el Caribe, muy dependientes de EE.UU. resultaron fuertemente dañadas.

La causa principal de este viraje histórico reside en la magnitud alcanzada por la economía china y por algunas otras del Este Asiático que han sostenido la demanda mundial por materias primas, contrarrestando con creces la caída del consumo en los países capitalistas centrales. Esto explica que en diversos casos los precios de los minerales y agropecuarios tuvieron una caída al comienzo de la crisis, pero se recuperaron pronto, a pesar de que la crisis económica y financiera continúa en los países desarrollados. De esta nueva situación mundial han resultado favorecidos naciones africanas, asiáticas y latinoamericanas que han encontrado mercados potentes y en expansión para sus productos de exportación. A la vez disponen de mayor acceso a fuentes de aprovisionamiento de bienes de consumo, intermedios y de capital, gracias a los nuevos recursos de sus mayores exportaciones, a menores precios y asistencia crediticia y tecnológica.

El comercio entre la R.P. China y nuestro continente ha tenido un crecimiento espectacular en menos de un decenio, con elevados saldos comerciales favorables a nuestros países. De hecho China se ha convertido después de EE.UU, en el segundo socio comercial de Latinoamérica y ya ocupa el primer lugar en algunos casos como Brasil. Todos los pronósticos coinciden en que la demanda china, que a su vez arrastra a la región asiática, seguirá creciendo fuertemente, al menos por una década. Pekín se ha transformado en una fuente de capitales y créditos comerciales y para inversiones de largo plazo, así como otras formas de asociación y cooperación. Así lo muestran los cuantiosos préstamos otorgados a Venezuela, Cuba, Argentina, Brasil, Ecuador y Costa Rica, entre otros.

Una segunda causa del fortalecimiento económico de América Latina reside en la positiva utilización de los mayores recursos obtenidos por la mayoría de los gobiernos de la región en el período de auge de 2005-08. Venezuela, Bolivia, Ecuador y Paraguay aprovecharon la situación para establecer drásticos aumentos de la participación del estado en los ingresos de sus recursos naturales de exportación, (petróleo, gas, hidroelectricidad) limitando las ganancias de las transnacionales. Venezuela, a lo largo del decenio ha logrado reducir significativamente la extrema pobreza, el analfabetismo, la desnutrición infantil, la marginación escolar y el desempleo. Brasil, Argentina, Uruguay, mediante impuestos o retenciones a las exportaciones, acumularon considerable excedentes con los que redujeron drásticamente sus deudas externas y les permite independizarse de las presiones de Washington y del FMI-Banco Mundial. Brasil se ha dado el lujo de adquirir títulos de deuda del FMI. Chile constituyó fondos soberanos que le permitieron financiar aunque parcialmente, programas contra el desempleo y el empeoramiento de las condiciones de vida. Brasil implantó exitosos programas sociales a favor de millones sumidos en la extrema pobreza y amplió las acciones de instituciones financieras públicas. Perú también se benefició de los mejores precios de sus materias primas, pero su gobierno enfrenta un malestar creciente de la mayoría de la población, por el injusto reparto de tales beneficios.

Luego que EE.UU sufriera el histórico rechazo de su proyecto del ALCA en Buenos Aires, se despliega en el continente un movimiento hacia una mayor integración que abarcan áreas desde la infraestructura, el comercio mutuo y las relaciones financieras hasta el campo político y militar. Ejemplos de esta tendencia son la formación del ALBA, UNASUR, el fortalecimiento del MERCOSUR, proyectos de prescindir del dólar para sus intercambios regionales, el Banco del Sur y otras iniciativas.

En el curso del primer decenio del siglo XXI el largo predominio del modelo neoliberal entró en decadencia. Los nuevos gobiernos de izquierda y centro izquierda que han emergido con indiscutible respaldo popular y electoral tienen en común, en mayor o menor grado, la búsqueda de su independencia económica y política, la soberanía sobre sus recursos naturales, el despliegue de masivos programas sociales para los sectores más desfavorecidos, el reconocimiento de las etnias indígenas y mayor participación de los trabajadores y los ciudadanos en las decisiones gubernamentales, regionales y locales. En América del Sur, a fines del decenio se contaban en esta posición siete de los diez países que la integran y en Centroamérica, dos de sus seis integrantes. (considerados sólo los estados iberoamericanos) Este nuevo cuadro ha influido en la OEA, donde varios gobiernos caribeños se han sumado a una línea de mayor independencia, por lo cual Washington ya no puede imponer su política como antaño. UNASUR se levanta como un instrumento efectivo contra el separatismo y la superación de conflictos entre sus miembros, a pesar de las diferencias políticas entre sus integrantes. Otra expresión de esta tendencia es la creciente aceptación del proyecto de constituir, ampliando UNASUR, una nueva entidad continental, sin la presencia de EE.UU y Canadá.

Frente a los nuevos gobierno de izquierda y centroizquierda, la actitud de las fuerzas tradicionales de derecha varía desde una extrema hostilidad, como en Venezuela y Bolivia, hasta una oposición cautelosa en otros casos, buscando debilitar desde dentro de los aparatos gubernamentales. Washington, a contrapelo del lenguaje cuidadoso de Obama, mediante sus aparatos militares, mediáticos, servicios encubiertos y con recursos de sus transnacionales, sostiene a la oposición derechista contra los nuevos gobiernos, refuerza su presencia militar en el continente, dispuesto a emplear sus fuerzas armadas para intervenir, donde le sea posible y necesario. El golpe de estado en Honduras (2009) que derrocó al Presidente Zelaya fue ejecutado con la complicidad de la base militar norteamericana en ese país y consumado mediante la elección ilegítima del Presidente Lobo, el cual mantiene una dura represión contra el pueblo en resistencia. El fracasado intento de golpe de estado en Ecuador (2010) vuelve a recordar el poder que sectores retardatarios tienen para destruir las conquistas democráticas de los pueblos. La preservación y defensa de ellas, es la condición primerísima, de todos los avances y transformaciones sociales progresistas. También las fuerzas derechistas con financiamiento norteamericano promueven la coordinación de sus aparatos políticos a nivel continental y sostienen campañas simultáneas en los medios de comunicación. Se busca formar un frente común de gobiernos afines como los de Colombia, Perú, Panamá, México y Chile que sostenga la oposición en Cuba, Venezuela y los países del ALBA.

En América Latina la confrontación entre el capitalismo de libre mercado y los nuevos modelos con orientación socialista, o al menos de mayor presencia estatal progresista e independencia nacional marcará el curso político de los próximos años. Como lo han demostrado las elecciones de Octubre de 2009 en Venezuela, Brasil, y Perú, ninguna orientación política está consolidada, menos se puede afirmar que las conquistas son irreversibles. Habrá avances y retrocesos, algunos países cambiarán de bando, en uno y otro sentido, pero la actual tendencia hacia modelos alternativos tiene buenas posibilidades de afirmarse.

 

Chile, un campo de batalla, inestable e incierto.

 

El objetivo del 11 de Septiembre fue destruir la democracia constitucional que rigió hasta 1973 y que permitió al pueblo conquistar un Gobierno Popular en la perspectiva del socialismo. Un tal gobierno despertó enorme entusiasmo internacional. El golpe de estado reinstauró el capitalismo monopólico dependiente que estaba en peligro de perecer y borró las conquistas sociales que habían situado a Chile en los primeros lugares del continente. Los diez y seis años de dictadura pinochetista instalaron a sangre y fuego el modelo neoliberal, reforzado con un nuevo régimen político autoritario, establecido en 1980, mediante un fraude plebiscitario.

Los nuevos gobiernos que le siguieron dispusieron de dos decenios, para haber restablecido cambios sustantivos hacia la democracia y la justicia social, de acuerdo con el programa comprometido en 1990. Pero no lo hicieron. Aparte de algunos mejoramientos que permitieron reducir la miseria, más la eliminación de algunas cláusulas antidemocráticas aberrantes, los gobiernos de la Concentración se comprometieron a mantener la institucionalidad creada por la dictadura. Sus principales dirigentes adoptaron el neoliberalismo y lo profundizaron. Mientras la oligarquía sacaba provecho de estas inconsecuencias, acumulando un poder económico sin precedentes y extendiendo su influencia política, los partidos de la Concertación cayeron en el descrédito. El movimiento sindical, afectado por esa línea conciliadora, viene sosteniendo una dura batalla por independizarse del oficialismo, pero aún no recupera los niveles de influencia que tuvo en el pasado.

El descontento y la frustración ciudadana se han expresado en la renuencia a concurrir a las urnas, el rechazo a los partidos, la desconfianza generalizada en las instituciones. Bastó que una pequeña fracción del electorado ya no distinguiera el sentido de clase diferenciador entre las dos coaliciones y se dejara engañar por el populismo del candidato RN-UDI, para que se alterara el cuadro político nacional y latinoamericano. Una coalición derechista regresó a La Moneda por vía electoral, después de 50 años.

Con una actitud cautelosa, aparentemente conciliadora, un uso abusivo de gestos mediáticos, una tendencia a subordinar a su coalición derechista a sus decisiones, todo bajo la consigna de la “unidad nacional”, Piñera acentúa la política neoliberal, basada en nuevas privatizaciones, mayores privilegios al gran capital, reducción del ámbito público en salud, educación y otras áreas sociales y un reforzamiento de los aparatos represivos. A pesar del fuerte presidencialismo de nuestro régimen político, el gobierno depende de las decisiones del Congreso Nacional, donde el oficialismo no dispone de mayoría confiable, mientras se mantiene un equilibrio inestable con la oposición. Su apuesta es a la quiebra de la Concertación, a atraer a la DC y a parlamentarios proclives a la colaboración con el gobierno. Además el actual Parlamento tiende a convertirse en una fuerte caja de resonancia de los conflictos sociales, las demandas reivindicativas y las posiciones programáticas opositoras. A este nuevo rol contribuye la presencia de tres diputados comunistas, después de treinta y siete años de impedimentos forzados, elegidos con las primeras mayorías, en el marco de un acuerdo electoral del izquierdista Juntos Podemos con la Concertación. Mientras una minoría de dirigentes concertacionistas es proclive a continuar “la política de los consensos” con la derecha, otro sector mayoritario se propone realizar una oposición firme, con vistas a recuperar la confianza popular, desplazar a la derecha y retornar al gobierno en 2014.

Una imagen más realista de lo que puede esperarse en los próximos años ha sido formulada por un experto en el análisis de encuestas, vinculado a organismos de orientación derechista. (Bicentenario:un país más conflictivo”, Revista del Sábado, El Mercurio, 4 de Septiembre 2010) Según Roberto Méndez (Adimark) Chile es hoy un país más conflictivo que hace algunos años atrás. Hay un creciente nivel de enfrentamiento que no es sólo político, sino entre ricos y pobres, trabajadores y empresarios, entre Santiago y las regiones, entre hombres y mujeres, entre adultos y jóvenes, entre mapuche y el estado chileno. Las encuestas muestran que los más pobres están impacientes, los estudiantes se sienten frustrados, las regiones resentidas contra la capital, los jóvenes excluidos, los damnificados desesperados. Advierte que si bien es cierto que la movilización masiva, las huelgas y las marchas no tienen la envergadura de otros años, la sensación de mayor conflictividad existe. Concluye que esta aparente apatía puede estar acumulando tensiones que tarde o temprano pueden estallar.

 

LIBRERIA OPCION

    Asociacion Americana de Jurista

Rama Chilena

DEBATE PARA UNA NUEVA CONSTITUCION

“LAS RIQUEZAS NATURALES DE CHILE”

JUEVES 22 DE ABRIL DE 2010, 18:30 HRS.

SEDE ICAL
RICARDO CUMMING 350
INTERVENCIONES DE:
RAMON VARGAS HEYER,ABOGADO,JOSE GALIANO HAENSCH, ABOGADO,MANUEL RIESCO LARRAIN, ECONOMISTA, GRACIELA ALVAREZ ROJAS, ABOGADO, MANUEL JACQUEZ PARRAGUEZ, ABOGADO.

      

OTRA VISION DE LO QUE SE ESTA COMENTANDO SOBRE CUBA

                                         Por Angel Dromper Empresario chileno en Cuba

 12  Compromisos por la democratización y el avance social de Chile

12 Puntos

Fulgor 62

Fulgor 63

LIBROS

Santa Maria de Iquique

 

SANTA MARIA DE IQUIQUE NO SOLO UNA MASACRE.-

 MARTA GODOY  H.

Encargada Nacional de Educación del PCCH.  

La magnitud de la conmemoración de la masacre  de los mineros del salitre y sus familias en la Escuela Santa María de Iquique ejecutada por tropas del Ejército de Chile en 1907 está relacionada no sólo con la brutalidad del hecho sino porque es  una demostración, una evidencia  de procesos más profundos que tienen que ver con el desarrollo económico y social del país y del mundo.

La magnitud de la conmemoración de la masacre  de los mineros del salitre y sus familias en la Escuela Santa María de Iquique ejecutada por tropas del Ejército de Chile en 1907 está relacionada no sólo con la brutalidad del hecho sino porque es  una demostración, una evidencia  de procesos más profundos que tienen que ver con el desarrollo económico y social del país y del mundo.

Este suceso es una expresión dramática de la contradicción fundamental del capitalismo dado por el hecho que en este sistema de  producción  el trabajo de muchos se convierte en la riqueza de unos pocos, lo que tarde o temprano desencadena la  lucha de clases. Por tanto el traer a la mente de los chilenos esta Masacre no se hace con el objetivo de mantener el recuerdo de un hecho trágico, sino para mantener la relación histórica de procesos  que siguen en desarrollo en nuestros días y que afectan gravemente la vida de los chilenos.

 A fines del siglo XIX el capitalismo inglés, el más desarrollado de Europa, había entrado en su etapa imperialista introduciéndose en países de África y América no con capitales productivos, sino en búsqueda de materias primas y mano de obra barata. Los EEUU a pesar de haber querido reservar “América para los americanos” con su famosa Doctrina Monroe en 1823, aún no tenía la capacidad de hacerla efectiva como lo haría  a principios del siglo XX en nuestro país y en otros del continente. 

 Sin  entrar en detalles de los hechos históricos a través de los cuales el imperialismo inglés se apoderó de los yacimientos de salitre del norte de Chile, incluida la Guerra del Pacífico, por la cual estos territorios pasaron a Chile, es necesario recordar algunas de sus características. 

Al expropiar el Perú en 1875 los yacimientos salitreros  entrega a sus ex propietarios bonos que se deprecian rápidamente al perder este país la guerra. Es el momento en que capitalistas ingleses que habían llegado al comercio exterior y otros sectores económicos, aprovechan de comprarlos, pero no con capitales propios sino con préstamos conseguidos en el Banco Nacional de Chile y de Valparaíso.

 

 Algunos chilenos logran también apoderarse de algunas salitreras, entre ellos Gonzalo Bulnes, Agustín Edwards, Eduardo Délano, pero mayoritariamente quedan en las manos inglesas de North, Harvey,, James, Gibbs, Willimson Balfour,  etc.

En 1889  los ingleses tenían una inversión que pasaban de 9.000 000 de libras esterlinas,  pero este capital no había venido de afuera, sino se lo habían apropiado en el propio país. La provincia de Tarapacá paso a ser un verdadero “coto de caza” para los negocios de los ingleses.

Rotschild fundó el Bank of Tarapaca  and London, otros ingleses se apoderaron de ferrocarriles construidos por peruanos y chilenos, The Nitrate Railway Company, Taltal Railway Co, Antofagasta and Bolivia Railway  Co, Anglochilean Nitrate and Railway Co.;crearon  The Tarapacá Water Works Company comprando una conseción de agua hecha por el Gobierno de Chile para abastecer Iquique; Harvey crea The Nitrate Provision Supply Company para comprar molinos, animales, frutos del país, mercaderías extranjeras para proveer de víveres y mercaderías a todas las sociedades que se formaran en Tarapacá. 

Es decir los trabajadores y sus familias estaban completamente a merced de la voracidad de los capitalistas ingleses. Es en este contexto que se inicia la huelga de 1907.

 

Las reivindicaciones inmediatas eran mínimas.

 

  • Que las fichas de todas las Oficinas se cambiaran a la par y circularan libremente
  • Que el pago de los jornales se hiciera en pesos de 8 peniques
  • Que se cerraran las rejas de los cachuchos y otras instalaciones peligrosas,
  • Que afuera de las pulperías se colocara una balanza y una vara para comprobar pesos y medidas
  • Una escuela nocturna en cada oficina
  • Que no se tomaran represalias contra los huelguistas.

 

Pero en el fondo estaba el hecho que los trabajadores ya no soportaban el grado de explotación a que iban llegando, prácticamente era inhumano, no correspondía a su dignidad  de personas.

 

Desde la segunda mitad del siglo XIX  habían empezado a llegar al país las noticias sobre organizaciones de trabajadores y las ideas socialistas, a través de libros, revistas y también de trabajadores que venían del extranjero.

 

 Ello había contribuído a que en las últimas décadas del siglo se dieran en forma creciente conflictos  reivindicativos, especialmente en los centros de mayor concentración proletaria Santiago, Valparaíso y Tarapacá. 

La introducción del imperialismo inglés no sólo en el salitre sino también  en otros sectores de la economía  será un grave obstáculo para   el desarrollo económico independiente del país.

 Esto es lo que pretende revertir el Presidente Balmaceda, pero es traicionado por aquella  burguesía que estaba comprometida con el capital inglés. En cambio Chile se mantendrá como un país monoproductor, expuesto a que, como sucedió posteriormente, el alza de los precios del salitre por parte de los ingleses lleve a la sustitución de éste por salitre sintético produciendo la quiebra de la principal fuente de exportación del país.  

La huelga del salitre de 1907, significará un punto de inflexión en el movimiento obrero. Esta huelga y la posterior masacre da lugar a un salto en la conciencia de los trabajadores del salitre y eso permitirá la conformación en 1909 de la FOCH y en 1912 del POS, posteriormente PC. 

A partir de 1911 con la instalación de a Anaconda Copper Co. en Chuquicamata y luego de la Braden Copper Mining en El Teniente se iniciará la penetración de los capitalistas norteamericanos en el cobre, el metal requerido por sus fabricantes de armas.

 

 Ello nuevamente nos mantendrá por largos años como país  monoproductor, con territorios  transformados prácticamente en enclaves norteamericanos en que los chilenos no podían entrar sin  autorización, con centrales eléctricas propias y dueños de toda el agua que necesitaban para sus explotaciones. 

 

En es período, la mayor organización y conciencia de los trabajadores les llevará a  demandar en sus luchas, además de las reivindicaciones salariales y  mejores condiciones de vida, la recuperación de nuestras riquezas naturales y  el desarrollo  económico independiente.

 

 Los puntos más altos de esta lucha se lograrán con   el Gobierno de Pedro Aguirre Cerda en el que se creó la CORFO  y través de ella, Refinerías de cobre, industrias, etc  y con el Gobierno de Salvador Allende  con la Reforma Agraria, la Nacionalización  del cobre y otros minerales, la estatización de la banca, del comercio exterior, etc.

 

El Gobierno de la Unidad Popular que por primera vez hace el esfuerzo serio de orientar el desarrollo económico y social de acuerdo a los intereses de todos los chilenos.

 

La Reforma Agraria termina con el latifundio que era un vestigio del feudalismo que retardaba el desarrollo de la agricultura, asimismo la nacionalización de las riquezas naturales y la proyección de la industrialización del país, la reforma educacional y la investigación científica  estaban orientadas a realizar un Plan de Desarrollo del país que le diera solidez en lo económico posibilitando el mejoramiento de las condiciones sociales de todos los chilenos.

 

Ante la posibilidad de esta “independencia de Chile” el imperialismo norteamericano   instiga y financia el  Golpe de Estado y la Dictadura , impidiendo que se le escape uno de los principales productores de cobre del mundo.

 

Pero no sólo eso sino que somete al país a una nueva forma de dominación, el neoliberalismo  que es la instalación en Chile de un nuevo imperialismo transnacionalizado.

 

 Este sistema  no puede existir en una democracia y por tanto se instala  a través de una dictadura de 17 años y se desarrolla y consolida en un Gobierno concertacionista que es excluyente, discriminatorio, represivo y que mantiene  una Constitución dictatorial. ¿Qué se busca con ello? Mantener las condiciones económicas, sociales, ideológicas, institucionales para cumplir el rol que se nos ha asignado en la economía global: exportador de cobre , salmón, pesca industrial, frutas, hortalizas,  madera y celulosa, todo en bruto, sin valor agregado. Ser mercado  para los productor tecnologizados de los países con que hemos firmado TLC y ser plataforma financiera para que circulen los capitales  transnacionales hacia otros países de Latinoamérica.

 Nuevamente han interrumpido  el desarrollo independiente de nuestra economía. Capitalistas extranjeros manejan empresas, bancos,etc.,  se enriquecen con nuestros productos, incluidas el agua, la electricidad, las comunicaciones e incluso los fondos de pensiones de los trabajadores  

El grado de explotación llega hoy como en tiempos del salitre a límites intolerables, 1 millón de personas gana  menos de 100.000 pesos  para mantener familias de 3 o 4 personas, hay sueldos base hasta de $6.000 según el Ministro del Trabajo,  más de un 30% de los trabajadores  son subcontratados.

 

 El aniquilamiento de los dirigentes sindicales y sus organizaciones por la dictadura, fue seguido, durante los Gobiernos de la Concertación, por el desmembramiento de las organizaciones, el paralelismo sindical, la persecución, las listas negras, las prácticas antisindicales 

 

Pero como sucedía a principios de siglo, hay sectores de trabajadores que se organizan y luchan aún por sobre la represión  y la legislación adversa vigente. Así ha sucedido con los trabajadores forestales, con los trabajadores del subcontrato del cobre, con los trabajadores de AGROSUPER, del  salmón.

 

 Que no sólo  luchan por  sus reivindicaciones salariales, previsionales, de salud, educación, vivienda, sino también por reivindicaciones políticas como la recuperación del cobre, el término de la exclusión.

 

Y como el desarrollo se  produce en una espiral, siempre ascendente, la lucha no se da en las condiciones que la dieron los trabajadores del salitre de 1907. La época, las condiciones de todo tipo son distintas y  los trabajadores tienen un aprendizaje, gestado en años de enfrentamientos con el capital y con la dictadura, hoy no son masacrados a mansalva, porque  defienden sus manifestaciones, sus dirigentes, sus organizaciones.

 

 Por la desigualdad de las fuerzas, tal vez siempre tengan que sufrir  asesinatos como el del trabajador Rodrigo Cisternas, pero cada vez darán las luchas en mejores condiciones con organización  y  unidad, no sólo entre ellos sino también con otros sectores de la sociedad.  La contradicción fundamental sigue siendo la misma, cada día somos más los explotados que trabajamos para que menos se apropien de la riqueza que producimos, pero tenemos una experiencia histórica que conviene recordar y tener siempre presente para despertar conciencias, para convencer, para entusiasmar  y para que cada día sean más los decididos a participar en esta lucha con que los trabajadores acompañados de otras fuerzas  liberarán  al país del dominio capitalista.           

 Santiago, 12 de septiembre de 2007.-

BATALLA DE IDEAS

 

 COMO LOS NEOLIBERALES SE APROPIAN DE LA RIQUEZA

Por George Monbiot, La Nación, 02.09.07

Por primera vez, la deuda de consumo del Reino Unido supera al total de su PIB: un nuevo informe muestra que debemos unos 2,7 billones de dólares. En Estados Unidos, 77 mil puentes están en el mismo estado de peligro que el que colapsó en el río Mississippi. Dos años después del huracán Katrina, 120 mil personas de Nueva Orleans todavía viven en trailers y alojamientos temporales. Mientras se precipita el cambio climático, los gobiernos se niegan a emprender las acciones necesarias.

La espiral de la desigualdad amenaza con crear las sociedades más divididas que ha conocido el mundo desde antes de la Primera Guerra Mundial. Ahora, una crisis financiera generada por créditos no regulados podría dejar a miles sin hogar y desatar una cascada de conflictos económicos. Todos estos problemas, que parecen no tener relación entre sí, tienen algo en común: derivan en parte de una reunión realizada hace 60 años en un balneario suizo, donde se establecieron las bases de una filosofía de gobierno que es responsable de muchas, tal vez la mayoría, de nuestras crisis contemporáneas.

Cuando la Sociedad Mont Pelerin se reunió por primera vez, en 1947, su proyecto político no tenía nombre. Pero sabía adónde iba. El fundador, Friedrich von Hayek, dijo que ganar la batalla por las ideas tomaría a lo menos una generación, pero sabía que su ejército intelectual atraería a partidarios poderosos. Su filosofía, después llamada neoliberalismo, coincidía con los intereses de los ultrarricos, de modo que los ultrarricos pagarían por ella.

El neoliberalismo afirma que lo que más nos conviene es una máxima libertad de mercado y una mínima intervención del Estado. El rol del gobierno debiera limitarse a crear y defender mercados, proteger la propiedad privada y defender el territorio. Todas las demás funciones las ejerce mejor la empresa privada, dispuesta por lucro a proveer servicios esenciales.

Esta es, en todo caso, la teoría. Pero, como propone David Harvey en su libro "Breve historia del neoliberalismo", dondequiera se ha implantado, el programa neoliberal ha causado un desplazamiento masivo de la riqueza no sólo hacia el 1% de más arriba, sino a la décima parte superior de ese 1%. En Estados Unidos, por ejemplo, el 0,1% más rico ya ha recuperado la posición que tenía en 1920. Las condiciones del neoliberalismo para liberar a los seres humanos de la esclavitud del Estado impuestos mínimos, desmantelamiento de los servicios públicos y la seguridad social, desregulaciones, atomización de los sindicatos no son más que las condiciones requeridas para hacer todavía más rica a la elite, mientras se deja que los demás se hundan o naden. En la práctica, la filosofía de Mont Pelerin es poco menos que un elaborado disfraz para apropiarse de riquezas.

La pregunta es, entonces, cómo el neoliberalismo ha llegado a dominar la vida pública. Richard Nixon se vio una vez obligado a conceder que "ahora todos somos keynesianos", y hasta los republicanos apoyaron la doctrina intervencionista de John Maynard Keynes. Pero ahora todos somos neoliberales. Margaret Thatcher dijo una vez que "no hay alternativa", y Clinton, Blair, Brown y otros líderes de los que alguna vez fueron partidos progresistas parecen haber demostrado que ella tenía razón.

La primera gran ventaja de los neoliberales fue una fuente incesante de dinero. Los oligarcas de Estados Unidos y sus fundaciones Coors, Olin, Scaife, Pew y otros han vertido cientos de millones de dólares para instalar think tanks, crear escuelas de negocios y transformar las facultades de Economía en bastiones de un pensamiento neoliberal casi totalitario. La Heritage Foundation, el Hoover Institute, el American Enterprise Institute y muchos otros en Estados Unidos, así como el Institute of Economic Affairs, el Centre for Policy Studies y el Adam Smith Institute en el Reino Unido, se establecieron para promover este proyecto. El propósito era desarrollar ideas y un lenguaje que ocultaran la intención real del programa la restauración del poder de la elite y lo envasaran como una propuesta para mejorar la humanidad.  

Los discípulos de Hayek también fueron capaces de usar las crisis económicas. Así ocurrió en Nueva York, en 1975, cuando, ante el desastre presupuestario de la ciudad, los banqueros exigieron que ésta siguiera sus recetas: recortes en los servicios públicos, liquidación de los sindicatos, subsidios para las empresas. En el Reino Unido, la estanflación, las huelgas y la estrechez presupuestaria permitieron a Thatcher cuyas ideas estaban moldeadas por su asesor neoliberal Keith Joseph salir al rescate. Su programa funcionó, pero creó un nuevo conjunto de crisis.  

Cuando era necesario, los neoliberales empleaban el soborno o la fuerza. En Estados Unidos, los demócratas fueron neutralizados con leyes de financiamiento de campañas. Para poder competir con los republicanos en la recolección de fondos, tuvieron que darles a las grandes empresas lo que éstas querían. El primero de todos los programas neoliberales se implementó en Chile, tras el golpe de Pinochet, con el respaldo del Gobierno de Estados Unidos y de economistas alumnos de Milton Friedman, uno de los fundadores de la Sociedad Mont Pelerin. Reunir apoyo para el proyecto fue fácil: al que discrepaba se le disparaba. El Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial utilizaron su poder sobre las naciones en desarrollo para exigir las mismas políticas.  

Pero el más poderoso promotor de este programa han sido los medios de comunicación, en su mayoría propiedad de multimillonarios que los emplean para proyectar las ideas que apoyan a sus intereses. Aquellas que amenacen sus intereses son ignoradas o ridiculizadas. Es a través de los diarios y canales de TV que las nociones socialmente destructivas de un pequeño grupo de extremistas han terminado por parecer de sentido común. Los dóciles pensadores de las corporaciones venden el proyecto reformulando nuestro lenguaje político véase el libro de George Lakoff "Don t think of an elephant!" . Hoy incluso escucho a mis amigos progresistas usar términos como creadores de riquezas, alivio tributario, gobierno grande, democracia de consumidores, cultura de las compensaciones, buscadores de empleo todos términos inventados o promovidos por los neoliberales, pero que se han convertido en lugares comunes y ahora parecen casi neutrales.  Si no se le controla, el neoliberalismo catalizará crisis tras crisis, las cuales sólo serán resueltas con la intervención del Estado. Aunque jamás podremos movilizar los recursos de los que disponen sus exponentes, a medida que los desastres que ellos han causado vayan manifestándose, el público necesitará cada vez menos ser persuadido de que fue engañado. Por George Monbiot, La Nación, 02.09.07